viernes, 23 de julio de 2010

La Destrucción del Soneto

Necesito tocarte cuando llega la noche
sé que lo sabes y aun así quiero decirlo
quiero  que sepas de mis manos que necesito tu presencia
cerrar así el círculo de cada día.

Eres la guarida dentro de mis incasables luchas
las batallas de los días  toman aliento en tu piel
las tormentas  aniquiladas en los lagos de tus ojos fijos.

El bullicio y el silencio se conjugan en ti.
En tus palabras nacen el tormento y las preguntas
el idioma que no comprendo y  me abate
el contraste que abofetea la razón.

Quiero que calles para siempre y sólo me mires
te obligues a llorar el arroyo del silencio
y permitas regresar la bondad que se esconde en tu mirada.

Cuando nos bañe la calma
se abrirá como un dibujo sobre nosotros el cielo
y nos mostrará con vergüenza sus estrellas.
Mi cuerpo se desplegará con bondad en un abrazo
transformado en manta te cubrirá por completo
y arrullará  la promesa infinita 
que son nuestros cuerpos inmóviles e iguales
y nuestras mentes que vuelan libres por los rincones
distintas.

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